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26 nov 2009

“Los Mártires”

Desde que vivo en la Isla de Margarita me gusta mucho realizar pequeños viajes a la ciudad de Juan Griego en el norte de la entidad insular, es un verdadero placer toparse con pueblitos coloridos en la vía, tales como Tacarigua con sus casas con tonalidades pastel y su iglesia (Parroquia Sagrado Corazón de Jesus), la cual parece sacada de un cuento infantil por sus dimensiones. Luego en la vía está Santa Ana del Norte, al igual que Tacarigua cuenta con coloridas casas y con una gran importancia histórica gracias a la visita de Bolívar y su posterior reconocimiento como Jefe Supremo de La República y de sus Ejércitos en la iglesia de dicho pueblo.
Juan Griego es una pequeña ciudad, cargada de historia, su nombre se lo debe a uno de los primeros colonos que pobló estas tierras insulares. Se trata de Juan El Griego, un sevillano que aproximadamente en el año 1545 se dedicaba a comerciar indios Guaiqueríes como esclavos y llevarlos hasta Santo Domingo (en la actual República Dominicana) actividad muy rentable en ese entonces.
Esta hermosa bahía mantuvo su característica quietud durante muchos años, solamente perturbada por uno que otro pirata, los cuales desembarcaban en sus mansas aguas para hacer de las suyas. Sin embargo la ciudad de Juan Griego adquirió su protagonismo histórico muchos años después, exactamente en la gesta emancipadora de Venezuela.
La Isla de Margarita fue una de las primeras provincias en sumarse a la independencia de España en el año de 1810 y al ser Juan Griego uno de sus principales puertos, se convirtió rápidamente en una localidad estratégica para la causa Patriota, sirviéndole de refugio a los oficiales y tropas e incluso a Bolívar quien llegó a la Isla luego de regresar de su exilio en Haití en 1817. En sus alrededores El Libertador trazaría estrategias para lograr la emancipación definitiva del país. Razones éstas, suficientes para ameritar la construcción de una instalación militar que resguardase tan importante bahía. Así se decidió construir el Fortín Libertad, en el sector La Galera, convirtiéndose en poco tiempo en principal protagonista de muchas escaramuzas sangrientas, siendo la más famosa: “La Batalla de Juan Griego”, la cual se llevó a cabo el día que el General Español Pablo Morillo, siguiendo órdenes reales, decide retomar la provincia insular y para tal fin busca asfixiar a la ciudad de La Asunción, principal bastión Patriota en Margarita, tomando los puertos que la abastecían. Las tropas libertadoras al verse asediados deciden volar dicho fortín y retirarse para reorganizar la resistencia, al hacerlo a través de la hermosa laguna ubicada junto a esta fortificación militar, fueron emboscados y masacrados gran parte de ellos, razón por la cual dicha laguna fue bautizada con el nombre de “Los Mártires”.
Dice el mito popular que ese día sus aguas se tiñeron de rojo por la sangre de sus valientes guerreros, y que con regularidad retoman dicha coloración. Aparentemente en el fondo de esta laguna, existe un tipo de vegetación que coincidencialmente en cierta época del año adquiere un tono cobrizo que permite crear una apariencia granate a sus quietas aguas.
En la actualidad es posible visitar El Fortín Libertad, ya que fue reconstruido años atrás y disfrutar de una vista excepcional tanto de la hermosa bahía y sus famosos atardeceres, así como de La Laguna de Los Mártires.
Les recomiendo permitirle a alguno de los niños lugareños que les ofrezcan la explicación y su particular versión histórica de los hechos antes relatados, lo disfrutarán mucho, aunque dudo que lo logren entender debido a lo rápido de su exposición.
Saludos
JCT

4 nov 2009

“El Amor en Tiempos de Conquista”

Maracaibo es una ciudad llena de historias y de detalles fascinantes, al recorrerla uno consigue personajes y relatos cargados de realismo mágico (como un buen libro de García Márquez).
La primera vez que pisé Tierra Marabina tomé un taxi y le dije al conductor que era fotógrafo y que deseaba conocer los sitios interesantes de la ciudad, el taxista se llenó de emoción y con su clásico acento “cantadito” me dijo: “Mirá, voz te habéis encontrado con el mejor guía turístico de mi amada Maracaibo, preparáte porque lo voy a llevar a todos los lugares de mi tierra”, luego se bajó del carro y quitó el aviso “Libre” del techo del vehículo.
Comenzamos nuestra gira visitando lugares pintorescos como el Barrio Santa Lucía mejor conocido como “El Empedrao”, cuna del género musical llamado Gaita.Después visitamos una casa muy peculiar en la Urbanización La Estrella, la llaman la Casa Barco, pues su dueño quiso recrear una embarcación en su hogar, y sí que lo logró. Luego pasamos por la Avenida El Milagro Norte y transitamos junto a una escultura hecha por un artista anónimo en el corte de terreno realizado por el dragado a las aguas del Lago de Maracaibo, se trata de unos rostros enormes de tres famosos zulianos (Maracaibo es la capital del Estado Zulia, Venezuela); dos de ellos poetas y otro, héroe de la independencia, me llamó mucho la atención debido a su parecido con el Cerro Rushmore ubicado en Dakota del Sur, E.U.A.
Seguimos con nuestro paseo y llegamos al templo de la Virgen de La Chiquinquirá, cuya belleza y energía devocional me deslumbraron,luego fuimos al Boulevard Baralt y me mostró la Iglesia llamada “El Convento”, cuyo campanario fue hecho tan improvisadamente que sus constructores al darse cuenta que estaba torcido, lo trataron de enderezar posteriormente, quedando en la actualidad una leve torcedura que es un poco difícil de apreciar. Capté con mi cámara esa rareza (estando en Caracas, me di cuenta que el ángulo que escogí para la foto había sido usado por otro fotógrafo 80 años atrás, y aparecía en un libro que estaba hojeando en ese momento).
Seguimos durante el día, recorriendo lugares como el Teatro Baralt (donde se realizó la primera proyección cinematográfica en Venezuela), El Palacio de Las Águilas (sede del Gobierno Estadal), El Museo Urdaneta (antigua casa del gran héroe de la Independencia), entre otros fabulosos lugares. Mientras hacíamos el trayecto, el taxista me narraba historias maravillosas como la de la Heroína Ana María Campos, la cuál en plena gesta emancipadora fue conducida por las calles de Maracaibo montada en un burro, semidesnuda y soportando los latigazos de su verdugo simplemente por creer en ideas de libertad.
Así transcurría el día, el chofer desempolvando historias en cada esquina como enciclopedia viviente de la zulianidad y yo documentándolo con mis fotografías, pero hubo un lugar y un relato en particular que me conmovió: “La Historia de La India Isabel”. Alonso de Ojeda fue un conquistador español, el cuál acompañó a Cristóbal Colón en su segundo viaje para luego realizar por su cuenta varias exploraciones y expediciones (con la venia de los Reyes de Castilla), entre las cuales estuvo el descubrimiento de El Lago de Maracaibo y El Golfo de Venezuela, el nombre de este último se deriva de la apreciación de un compañero de aventuras de Ojeda: Américo Vespucio, quien junto a él al observar las casas de los indios sobre el agua (palafitos), exclamó “la pequeña Venecia” por recordarle su natal ciudad en Italia, quedando para la posteridad este sustantivo como nombre propio para la incipiente nación (Venezuela). En ese tiempo, Alonso de Ojeda desposó a una hermosa india, hija de un cacique de la región de Coquivacoa, bautizada con el nombre de Isabel. Con ella procreó 3 hijos, convirtiéndose éstos, en los primeros mestizajes documentados en Venezuela y élla en la primera venezolana en las cortes europeas, debido a que al poco tiempo de casarse, Ojeda se la llevó a España para establecer allí a su familia.
Después de unos años y de muchas aventuras, Alonso de Ojeda decide retirarse apesadumbrado por los últimos fracasos de sus expediciones, en la ciudad de Santo Domingo, (hoy capital de la República Dominicana) y en ), donde encontró la muerte a consecuencia de las heridas sufridas en sus expediciones. Él pidió en su testamento ser enterrado bajo la puerta del Monasterio de San Francisco, para que su tumba fuese pisada por todos aquellos que visitaran la iglesia, como castigo a su fracaso en las últimas expediciones comandadas por él. Al poco tiempo fue hallado el cuerpo sin vida de Isabel, sobre la tumba de su amado, muriendo de tristeza y seguramente de inanición.
La tumba de Ojeda desapareció al igual que el Monasterio, el cual fue destruido en el tránscurso de una guerra civil en República Dominicana en 1965.
En el Sector Valle Frío de Maracaibo existe una plaza donde se recrea este suceso (la muerte de Isabel sobre la tumba de Ojeda) con gran dramatismo. Además de ser un homenaje al conquistador español y al Lago de Maracaibo debido a que se construyó para celebrar un aniversario más del descubrimiento de este último. ( la Plaza Alonso de Ojeda es un mirador donde se aprecia además de la ciudad, el grandioso lago).Estuardo Nuñez en su libro “Viajeros Hispanoamericanos” recoge este suceso histórico de esta manera: “…Cuando fallece Ojeda, la india Isabel como las legendarias princesas castellanas, también muere de amor. Abrazada a la tumba del esposo dicen que la encontraron. Como una flor suicida en silencio, entregando su amor viudo. Agotando su lumbre. Su fervoroso polen. Su incensario ritual…”
Saludos
Juan Carlos Trujillo M.

1 nov 2009

"Nuestra Esencia"

Cuando se visita una playa o vives cerca del mar, es indudable que se producen en el cuerpo y la mente varias sensaciones al observar a esta generosa, majestuosa, grandiosa y hermosa masa de agua.Las mismas van desde la relajación hasta la admiración, desde el amor hasta el miedo; pero el ser humano suele por instantes, olvidar la existencia de lo que se escapa a su vista, aunque sepa de su presencia, si no lo ve en el momento, lo olvida. Por ejemplo, en la antigüedad creían que el mundo era plano porque simplemente sus ojos no veían mas allá del horizonte, incluso combatían ferozmente a las personas que se atrevieran a contradecir esta teoría, debido a la comodidad innata por lo conocido (menos mal que existen siempre personas que se atreven a aventurarse a derrumbar paradigmas como Colón y Galileo, entre otros).

Es por eso que cuando uno observa el mar, simplemente se deleita con sus olas, con sus aguas como espejos del cielo, con su olor, su color y hasta con las aves que de él se alimentan, pero nunca esperamos que nosotros mismos seamos observados y hasta vigilados por los habitantes de esa otra dimensión, de ese otro mundo que yace bajo las salobres aguas se ese coloso.
Una vez estuve en las hermosas playas de la Riviera Maya en la Península de Yucatán, México, al atardecer aproveché para meditar, hacer un poco de introspección mientras las olas me acariciaban los pies y borraban mis pasos en la arena. De vez en cuando, hacía una pausa para captar con mi cámara algún detalle de tan paradisíaco escenario, de repente, me encontré un muelle de madera muy bonito y quise conocerlo, al andar por el entablado camino, observé el agua cristalina y de pronto emergió de allí un gran pez como de 30 cm de largo (un Pez Cerdo Azul), con un nadar sereno, se viró y me observó con una mirada penetrante que proyectaba paz, al ver esta rareza me sentí embelesado y alisté cámara para captar rápido el momento, debido a que es muy raro poder ver a un pez virarse de esa manera para observarte. Apreté el obturador sin ver incluso por el visor (por motivo de tiempo), razón por la cual el enfoque no fue el mejor, enseguida, el curioso pez que salió a observar quien estaba perturbando la paz de su vivienda (vivía debajo del muelle), se viró de nuevo y lentamente se ocultó. Me puse de rodillas y lo busqué debajo del muelle, pero fue inútil, él sabia como vigilarme sin que yo lo pudiera ver.
Impresionado todavía por la experiencia, seguí con mi curiosidad caminando por el entablado, atento ante cualquier novedad y tratando de encontrar dicho pez, porque sentía que me debía mejor toma, pero al final del muelle encontré a un grupo de turistas disfrutando de una interacción con otros peces, los cuales estaban tan adaptados a los hombres que además de pedirles comida (como si fueran palomas en una plaza), permitían el placer de nadar junto a ellos, razón por la cual no lo pensé dos veces y dejé mis pertenencias en buen resguardo, me agarré fuerte de una soga y me lancé al mar. La soga permitía que no me llevara la fuerte corriente, mientras estaba rodeado de estos habitantes del mar de apariencia multicolor, los cuales confundían los vellos de mi pecho con pequeños peces o lombrices y me provocaban cosquillas, mientras extasiado los observaba y hasta pude tocarlos.
Luego, al día siguiente, con un grupo de amigos decidimos salir de las confortables instalaciones del hotel y caminar un poco en los alrededores, entramos en una pequeña y humilde tienda de unos lugareños descendientes de la Cultura Maya, los cuales muy gentilmente nos recomendaron un parque con unas cuevas subterráneas que estaban muy cerca de ahí. Salimos en su búsqueda, no sin antes escuchar la historia de las mismas. Para la antigua civilización Maya estas cavernas inundadas por un río subterráneo eran sagradas, debido a que creían que en su interior yacía “El Inframundo” una suerte de infierno, de hecho, hacían rituales con sacrificios humanos y arrojaban cadáveres al fondo de los mismos, además de ofrendas para sus deidades.
Cenotes o en Maya: Ts'ono'ot, son una cadena de cavernas inundadas comunicadas entre sí subterráneamente que terminan en el Mar Caribe, ubicadas en la Península de Yucatán, México, es así su nombre y definición exacta. Actualmente son un atractivo turístico de la zona y sobre todo como parte de las instalaciones naturales de los principales parques temáticos de La Riviera Maya.
Luego de escuchar a nuestros guías improvisados, caminamos y llegamos al encuentro de estos cenotes, los cuales eran de uso público, y luego de tomar unas cuantas fotografías de sus espacios, sus juegos de luz, sus aguas verdes como esmeraldas, los agujeros en el techo de sus cuevas; me introduje por las profundidades de sus cámaras inundadas y atestadas de pequeños peces, llegué hasta donde el sol y mis pulmones me lo permitieron, pero pude sentir y constatar todo el misterio y la poderosa energía dentro de esas profundidades.
Luego al salir de lo más profundo, seguimos disfrutando de una suerte de piscina natural durante el resto del día, mientras algunos se lanzaban clavados, los peces nos rodeaban y hacían de las suyas con los vellos de nuestros cuerpos. Salimos del lugar complacidos con la experiencia y deseosos de repetirla.
Es tan importante tener un contacto directo con la naturaleza, los seres humanos creamos ciudades las cuales nos aíslan casi por completo de los “peligros“ del medio ambiente, pero a la vez no nos permiten crecer nutriéndonos de esa sana interacción. Busquemos este sano contacto, reconciliémonos con nuestro medio ambiente, no olvidemos de donde son nuestras raíces, de donde nace nuestra esencia.

28 oct 2009

"Historias de lo Cotidiano"

Un día de paso por la Avenida Taguantar (vía que comunica La Guardia con Juangriego en la Isla de Margarita) me topé con un sitio poco común, parecía un pueblo típico de las peliculas “Western” americanas, me llamó mucho la atención y decidí visitarlo, estaba cerrado al público pero sus amables dueños me permitieron entrar para tomar unas fotos, se trata del parque temático “Pueblos de Margarita”
Es un sitio fascinante, lleno de recovecos donde se hace un merecido homenaje al gentilicio Margariteño, haciendo principal énfasis en sus expresiones artesanales y en sus tradiciones.En este sitio conseguí desde cámaras antiguas hasta una réplica de una pulpería de principios del siglo XX, no sin antes toparme con el primer Bolívar malhumorado que he conocido (una pequeña estatua frente a la capilla). No pude dejar de sentir suspicacia ante tal apariencia física de nuestro Libertador,obviamente relacionándolo con sucesos de nuestros días en Venezuela, los cuales seguramente lo tendrían con ese humor.Seguí hurgando en sus rincones, entre cachivaches viejos pero llenos de recuerdos e historias, así conseguí un espacio dedicado a fotos antiguas de Margarita, ante mis ojos estaban el viejo puerto de Porlamar, la antigua aduana de Pampatar, las desaparecidas Piraguas y entre retratos y paisajes encontré una foto en especial que me impactó, era Playa El Angel. Se preguntarán que tendrá de impactante ver una foto de una famosa urbanización entre Pampatar y Porlamar, resulta que pocas veces nos preguntamos de donde vienen los nombres de los lugares que frecuentamos, las ciudades donde vivimos, las esquinas que cruzamos y éste es uno de esos casos. Por ejemplo, Barquisimeto debe su nombre a una voz indígena que significa “Rio que trae Barro” en clara referencia al Rio Turbio y sus arenas arcillosas, igualmente Caracas que proviene del nombre de una hierba que crecía en el valle del Rio Guaire en la época Pre-colombina, y así muchos ejemplos que podría citar. En el caso de la mencionada zona residencial, muchos de sus habitantes piensan que su nombre deriva de una pequeña playita que está continua a Playa Moreno o peor aún, no tienen ni la menor idea. Aunque es cierto que el nombre proviene de la pequeña playita, el nombre de ésta deriva a su vez de un fenómeno natural generado por la acción de la erosión del mar en los grandes peñascos que se encuentran en ella. Muchos no entenderán la conclusión a la que llegué, pero si observamos la foto que encontré en Pueblos de Margarita con detenimiento lo comprenderán mejor.En la foto se aprecia claramente una figura semejante a un ángel de perfil con las manos juntas en posición de oración.
Lamentablemente el responsable de esculpir esta fascinante figura fue también el autor de su destrucción: "La Naturaleza".
Un huracán y el posterior mar de fondo se encargaron de desaparecer esta silueta para siempre. Menos mal que alguien con su cámara decidió en un momento captar esta imagen para compartirla con nosotros y para poder archivarla en nuestra memoria fotográfica para la posteridad.
Saludos
JCT

27 oct 2009

"Devoción"

Yo tenía pocos meses de nacido cuando pisé por primera vez suelo margariteño, desde entonces nos inculcaron en casa la devoción a La Virgen del Valle, Patrona de Margarita y de todo el Oriente Venezolano.Cada viaje a Margarita tenía que incluir una visita a su templo en la población de El Valle del Espíritu Santo, y por su puesto llevar como souvenir o recuerdo de esa visita, una imagen de la Santa Madre. Hasta ahí llega la tradición de devoción de los turistas y personalmente no conocía otra, salvo las aglomeraciones alrededor de su templo cada 8 de septiembre, pero desde que vivo en esta Isla me ha llamado la atención los diferentes matices que adopta este ferviente amor por La Virgen, los mismos van desde la colocación de altares improvisados en las fachadas de las casas, la instalación de adornos en las puertas color lila, procesiones, misas y hasta balaceras de delincuentes que al muy puro estilo de “ganga” (pandilleros de la ciudad de Los Ángeles) adoptan su imagen como protección. Lo más curioso es que como toda buena celebración viene acompañada por excesos de alcohol, música y fuegos artificiales y Yo me pregunto si a la Virgen le agradaría estos tipos de “actos de fe” para celebrar su día.
Este año me mudé cerca de una playa de pescadores en el pueblo de Pampatar coincidencialmente en los días previos a la celebración de La Patrona, fui testigo de un ambiente totalmente distinto al narrado anteriormente, el mismo estaba impregnado de emoción, amor, jolgorio, alegría.
A las 5 a.m del día 8 de septiembre ya se anunciaban con fuegos artificiales el comienzo del gran día, luego a medida que transcurría la mañana los niños eufóricos me invitaban a estar pendiente de la playa porque en cualquier momento zarpaban sus padres con la imagen de la Virgen para pasearla. Yo sabía de procesiones con lanchas porque había sido testigo de una en otra playa de Margarita (El Yaque) pero en honor a la Virgen del Carmen. Me alisté con mi cámara y busqué una posición privilegiada para tener un buen ángulo luego a las 10 a.m aproximadamente comenzó la procesión, primero a pie por el muelle con la imagen en hombros, para luego instalarla dentro de una de las lanchas de madera, comúnmente llamadas “Peñeros”.Dicha embarcación previamente había sido engalanada con adornos y globos al igual que otras semejantes a ella, las cuales iban acompañarla en la procesión. Me sorprendió ver que no era sólo una Virgen, sino 4 las que salían de la playa, y a medida que transcurría la procesión se unían similares desde las diferentes playas y muelles que costean Margarita.Como parte del Itinerario estaba dar una vuelta al peñasco que se divisa en el Mar justo frente a Porlamar y Pampatar, el famoso “Farallón” donde hay unas imágenes tanto de la Virgen del Valle como de la Virgen del Carmen (esta última considerada patrona de los pescadores). Días antes de la celebración de la Virgen del Valle, como cada año, se acercan embarcaciones de la Armada de guerra y se anclan frente a las playas y puertos de la Isla, adornadas con luces y banderines, como señal de respeto a la que consideran también su patrona (otra extraña ironía). Como parte de la procesión, los peñeros se acercan a dichas embarcaciones y las mismas hacen sonar sus estruendosas cornetas.La procesión regresa otra vez bordeando las playas, las personas estallan en algarabía, el ambiente es tan festivo que ni mi perra se contuvo y se lanzó al mar a tratar de seguir las embarcaciones.Luego de varias vueltas durante el día las embarcaciones vuelven a sus puertos y comienzan las celebraciones en las calles.En el caso de Pampatar se realizan serenatas por parte de las bandas musicales de la Armada de Venezuela haciendo todo un despliegue de su repertorio musical. Y por último para cerrar la noche en varias calles se observan procesiones de espontáneos con la figura de la Virgen del Valle, incluso algunos utilizando maneras poco ortodoxas (como montar la imagen sobre el techo de una camioneta y pasearla a toda velocidad).
Comparto esta experiencia con ustedes porque la misma me reconcilió con la idea de salir a compartir toda esa euforia y devoción con la gente, algo que lamentablemente ya no se puede hacer en ciertas partes de la Isla.
Saludos
JCT

26 oct 2009

"Habemmus Papam"

Recuerdo claramente cuando en el mes de abril del año 2005 el Papa Juan Pablo II falleció, confieso que me dio pesar ya que había crecido acostumbrado a ese viejito bonachón, de tez blanca (tanto que parecía de porcelana) y la verdad que no cabía en mi cabeza que pudiese existir otro que ocupase su lugar, de hecho aún no me acostumbro a la idea.
Más allá de las creencias religiosas de cada quien las cuales respeto, nadie puede negar que la labor de este señor fue encomiable, su compromiso por la humanidad lo llevó prácticamente a arrastrarse en sus peregrinaciones de paz por el mundo, hasta que ya su anciano cuerpo no pudo más. Tuve la suerte de verlo muy de cerca en una de esas tantas peregrinaciones (20 años antes cuando visitó Caracas, Venezuela). Pasó frente a mí y a otros niños saludando junto con el Cardenal José Alí Lebrún, mientras nosotros agitábamos eufóricos las banderitas de Venezuela y del Vaticano. Recuerdo muy bien ese día porque me llamó poderosamente la atención el brillo deslumbrante de su tez y su sotana (recuerdo incluso a los adultos comentándolo)y es que ver un personaje tan importante para un niño de 10 años es algo sumamente impactante. Cuando él murió recordé con nostalgia ese día mientras preparaba mis maletas para visitar Maracaibo. Al llegar a la pujante segunda ciudad de Venezuela, (capital petrolera por excelencia) me llamó la atención ver las demostraciones de amor por parte de los Marabinos hacia el Pontífice fallecido. Lo que más me impresionó fue ver totalmente iluminada la hermosa Basílica de la Virgen de la Chiquinquirá(mejor conocida como “La Chinita”). En anteriores viajes había estado en ese lugar pero nunca de noche y según lo explicado por el taxista era un hecho inusual que la iluminaran de esa manera.
El Pueblo Marabino o Maracucho (como popularmente se les conoce), es sumamente alegre, por esta razón me conmocionó ver un sitio que suele estar muy concurrido, totalmente sólo y con un ambiente taciturno que se respiraba en cada rincón de la iglesia y de la plaza contínua.
Al día siguiente recorrí las calles coloridas de los famosos barrios de Santa Lucía (mejor conocido como “El Empedrao”) y El Saladillo, ambos cunas del famoso ritmo contagioso y alegre del género musical que nos alegra a los Venezolanos todas las navidades: La Gaita, pero algo extraño estaba en el ambiente, sentía lo mismo que la noche anterior, las calles muy solas y la gente muy callada, le pregunté al taxista y me dio su versión de los hechos (la cual sospechaba): el luto por la muerte del Papa.Continué con mi viaje, aproveché y visité en la Calle Carabobo la casita número “616”, a la que guardo un gran afecto, debido a que gané mi primer premio de fotografía en el Diario El Universal, con una toma de su colorida fachada. Ya de vuelta en el avión no hacía más que pensar en la extraña sensación que tuve en las bellas calles de Maracaibo, además de hacerme la eterna pregunta: ¿se habrá imaginado alguna vez el Papa que en lugares tan distantes y remotos del planeta iban a llorar su muerte?, de repente recordé una frase de Ludwing Van Beethoven “El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad”.
Mi llegada a casa coincidió con la elección del nuevo Papa, como el resto del mundo católico y no católico estábamos pendientes de la noticia; repentinamente mi esposa me llama y me grita exaltada: “asómate a la ventana”, al hacerlo tuve que correr raudo para alcanzar mi cámara y poder capturar la imágen del cielo, el cual estaba dando en ese momento un espectáculo digno de ese histórico día.
Mi familia me llamó y más de uno aseveró que se trataba de un milagro, otros dijeron que era un aviso del cielo, y por supuesto nunca faltan los apocalípticos que hicieron lo propio. Yo le aseguré a todos que ese fenómeno estaba ocurriendo por el paso de una nube de lluvia frente al Sol, pero que sólo pasaba en Caracas, que seguramente en La Guaira o Guarenas (ambas ciudades aledañas a la Capital) no estaba sucediendo lo mismo.
Al día siguiente publiqué mi foto que recogía ese extraño momento en mi galería dentro del portal de fotografía Trekearth.com http://www.trekearth.com/members/jct/photos y cual fue mi sorpresa al leer que me había contactado un fotógrafo desde isla de Martiníca para contarme y también mostrarme, que había logrado exactamente la misma captura, en el mismo momento, hasta con los mismos colores, pero a varios kilómetros de distancia en El Caribe. Las conclusiones……se las dejo a cada quien.

24 oct 2009

"La Castigada"

Una vez estuve de visita en la Ciudad de México, tomé un autobús turístico llamado “Turibus” en las puertas del Auditorio Nacional y luego de pasearme por sitios fabulosos de la ciudad (Colonia La Roma, La Condesa, La Zona Rosa, El Paseo La Reforma, La Plaza Garibaldi, etc.), llegó finalmente al “Zócalo”, nombre que identifica comúnmente entre los Mexicanos a la plaza mayor de la ciudad. Dicho recinto puede albergar 2 millones de personas paradas, y así lo demuestran cada año en el día en que celebran su independencia con el famoso “Grito de Dolores”, cuando el Presidente de esa gran nación se asoma desde un balcón y repica una campana para júbilo de los asistentes.Alrededor del Zócalo se encuentran además del Palacio de Gobierno, entidades gubernamentales y la Catedral Metropolitana de México, una cantidad enorme de visitantes que van desde artistas plásticos, actores (escenificando rituales Azteca), bohemios, activistas políticos, vendedores ambulantes y por supuesto turistas. Quedé encantado con tanta variedad de personas y motivos fotográficos que por supuesto agotaron las baterías y las memorias de mi cámara.

Decidí después de caminar entre vendedores ambulantes, entrar a la Catedral, quedé impresionado con su majestuosidad, sus dimensiones, toda la historia que se respira en sus naves, sus altos techos, sus balcones escarpados, sus obras de arte colonial, el gran órgano, etc. Todo dentro de un ambiente solariego donde cada rincón pareciera ser un libro abierto muy antiguo ansioso de contar sus anécdotas.
Ya saliendo del sacro recinto me topé con un muchacho con un modesto tarantín donde vendían una suerte de tour hacia los campanarios de la iglesia. Por su puesto me alisté movido por la curiosidad y la adrenalina fotográfica. El guía abrió una pequeña puerta y subimos por unas escaleras pequeñas y empinadas. Tan antiguas que parecían deshacerse a medida que pisábamos sus escalones.Al llegar al que creía era el piso más elevado , me encontré con la sorpresa que seguían otras escaleras hacia una parte más elevada de la torre, donde dormita una enorme campana de casi 80 mts de diámetro, pero que lamentablemente no pude acceder porque las escaleras no están en condiciones debido al desgaste por los años.
De todos modos en el nivel donde nos quedamos había muchas historias y campanarios que escuchar. Las historias relatadas por el guía iban desde la ciudad que anteriormente ocupaba Ciudad de México cuando el Imperio Azteca, la famosa Tenochtitlán, la construcción de la Catedral Metropolitana por los españoles en el siglo XVI (terminada en 1571) sobre las ruinas del Templo Mayor Azteca (cuyas ruinas se pueden apreciar en la parte trasera de la Iglesia), pero una historia en particular me llamó la atención y es la historia de “La Castigada”. Hace más de 60 años un campanero descuidado al hacer sus labores fue sorprendido por la campana a la cual estaba haciendo sonar (cuyo peso es de 20 toneladas) y la misma lo impactó quitándole la vida. Los sacerdotes encargados del recinto le impusieron un castigo de por vida a dicha campana, condenándola al silencio y a las cadenas por una eternidad.Esta severa reprimenda fue levantada por su Santidad Juan Pablo II en una de sus visitas a este templo, donde oficialmente fue perdonada “La Castigada” y le pintaron una cruz roja como recordatorio de su “terrible crimen” además de retirarle las cadenas.
Saludos
Juan Carlos Trujillo M.